José Luis Márquez es, en palabras de Pérez Reverte, "una máquina de trabajar fría e impasible", capaz de jugarse la vida cada día por su trabajo. Según contó su amigo, no pocas veces se situó en medio del fuego cruzado para buscar la mejor toma, llegando incluso, de manera literal, a pasarle las balas entre las piernas. Tan quieto se quedaba siempre para que el plano no se le moviera, que el propio Pérez Reverte en ocasiones le empujaba "porque nadie se iba a creer que caían bombas a nuestro lado y la imagen no se movía". En palabras de Berna G. Harbour, para los reporteros de guerra como Pérez Reverte y José Luis Márquez en su trabajo hay tres prioridades: la primera, grabar; la segunda, llegar para transmitir en el telediario y la tercera, sobrevivir. "Y siempre en ese orden". Texto: Alberto Martín, TRIBUNA COMPLUTENSE
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